lunes, 15 de agosto de 2016

NERUDA Y LAS BUCOLICAS VERSAINAS

NERUDA Y EL NARANJAZO 
por Samuel Maldonado de la Fuente

Pablo Neruda se dio tiempo para todo: para viajar, para coleccionar, para amar, para jugar, para hacer política, para departir e incluso para escribir muchas veces más de lo debido.

Casado con Matilde Urrutia, descrita en no pocas oportunidades como una leona a la hora de defender los privilegios de su tenorio, no temió, en tan asentada etapa de su vida conyugal, poner a prueba la integridad de una construcción afectiva que a sus amigos ya parecía monolítica.

Los quebrantos de salud y la situación política del país constituían un nuevo y mayor motivo de tormentos.

En un opúsculo de apenas ochenta páginas, obra de don Juan Ramón Astorga Bamga, antigua cepa de Curicó, aparece en pleno canto a la materia la figura de Pablo Neruda. El volumen se titula “Perfil sinóptico del naranjazo curicano”. Ramón Astorga cuenta cómo se generó el cuadro de la contienda electoral que, con el nombre de “naranjazo”, llegaría en 1964 a sacudir los cimientos de la vida política chilena al destituir bruscamente de opción efectiva en la carrera presidencial de ese año a Julio Durán Neumann, postulante de centroderecha.
En opinión de don Juan Ramón Astorga Barriga, recio paladín del socialismo, el azar se encargó de sacar al país de sus modorras políticas, precipitando a destiempo virajes electorales que, lejos de galvanizar la unidad de la nación, no hicieron sino poner de relieve la flojedad de un lenguaje público adverso a la incoherencia.

Con todo, don Juan Ramón Astorga no se priva de pintar los fragores de la batalla que permitiría a la izquierda allendista elegir diputado por Curicó al médico pediatra Oscar Naranjo Arias y de paso, como por carambola, frustrar las expectativas de triunfo del Frente Democrático (Julio Durán Neumann) en la justa presidencial. Le cupo a Pablo Neruda, participación activa en favor del candidato que había de promover el “naranjazo”. Por ejemplo, en plena campaña pasan por el pueblo de Rosario precisamente a la hora de almuerzo.

El negocio de “Juan y Medio”, situado en el lugar, ofrece verdaderas excelencias en el plano criollo. Pablo Neruda se detiene y considera lícito repetir la frase de Prat: “Ha almorzado la gente? Invita a que lo imiten en su movimiento.

Comienza, ante Juan y Medio o Juan Barrera, el propietario, con proposición de una cazuela de ave; sigue con un trozo de cabrito al horno acompañado de porotos granados; continúa con un pastel de choclos, del cual, y no por falta de apetito, sólo alcanza a servirse la mitad. Finalmente, terminada la limpia faena, como buen matador, extrae de un bolsillo interior una whiskera de plata y apura un sorbo digestivo.

“Para bajar estas exquisiteces bucólicas que bien merecerían un poema”, Explica.  Juan Ramón Astorga’ opta por un trago de vino tinto. En uno de esos días de “ardiente impaciencia” electoral, Neruda y Juan Ramón componen en comandita unas versainas panfletarias. Neruda las olvida. Juan Ramón Astorga las conserva, las reproduce.

Ello lo obliga a tomar contacto con la Fundación Neruda hartos años después para obtener el permiso de publicación.

La gente de la Fundación carece de constancia acerca de la autoría de Neruda. No es necesario conferir permiso. Las versainas escritas en un bar por Neruda y Juan Ramón en 1964 responden a exigencias combativas de línea gruesa:

“Un saco de pecados capitales
recibe Chile de los LIBERALES.
Allende, ha sido largo este dolor /
conservado por el CONSERVADOR.
/ Allende, ya la patria está cansada /
de la miseria RADICALIZADA...”.

‘‘Pablo Neruda se había contagiado con el virus electoral que estaba alcanzando relieves dieciocheros”, reflexiona Juan Ramón Astorga.


Ese año la elección presidencial la perdió Allende, no obstante, el triunfo del doctor Naranjo. El pánico prematuro en las filas del Frente Democrático obliga a posponer las pretensiones de Julio Durán en beneficio de la postulación democratacristiana de Eduardo Frei. A juicio de Juan Ramón Astorga y de su prologuista, Manuel Mandujano Navarro, un drama de equivocaciones. Se confunde la natural victoria de Naranjo con una “debacle” en los cotos de centroderecha. La culpa no es de Naranjo. La culpa es de los que carecen de óptica para apreciar la realidad de la situación. Neruda contribuye en silencio.

jueves, 21 de julio de 2016

CARLOS RENE CORREA, POETA LARICO DE RAUCO

SIGNIFICACIÓN DE LAS COSAS EN CARLOS RENE CORREA
por Samuel Maldonado de la Fuente
Poeta, escritor y ensayista.


La aldea

Carlos René Correa es un símbolo de Rauco, que en idioma aborigen se llama “Ragco” o " Agua de Greda" o " Agua Gredosa" de un lenguaje Chincha chileno. La aldea estuvo habitada por los indios Curi que se expandieron hasta la Huerta del Mataquito, donde se mezclan con  tribus Incas invasores de todo este territorio y que le trajeron las primeras enseñanzas del cultivo agrícola. Situada a diez kilómetros de Curicó,  este pequeño poblado,  casi como una aldea, llena de significaciones, simbolismos y maravillas, como las pinturas de Marc Chagall, ve el nacimiento  del poeta un 18 de septiembre de 1912, cargando con el sello de la Chilenidad.

Fue entonces, cuando al acontecimiento de este nacimiento, partieron sus familiares hacia la serranía en busca de “Ñá Anastasia”, la partera que llega amarrada en su yegua overa por la solitaria calle de la aldea. Esa era la memoria que el poeta rememora en “Biografía de una Aldea”, donde recuerda a su padre, a quién describe como “un hombre de espíritu limpio y corazón pastoril”.
Podemos iniciar el imaginario recorrido por su vida, realizando una fuga hacia esa lejana época, donde el río Teno y el Lontué amalgaman el nombre de Mataquito, probablemente derivado del quechua "matha" (médula) y "cutún" (estrujar), que significa "estrujar la médula".

Rememora en sus escritos al Rauco amado: “Rechinan los goznes y mi alma los escucha y busca aceites de los olivares del abuelo Buenaventura, para que ellos guarden silencio”. “El río Teno había crecido en crespas aguas y su vorágine cabalgaba potros espumantes hacia las lejanas playas de Iloca”. “Así “era el gran río de mis sueños”, describiendo la visión del día en que vio la luz.

Nació en Rauco, al igual que Alejandro Gutiérrez, poeta de los viajes marinos y por lo tanto las dos voces firmes de esta tierra de viñedos y áridas serranías. Nos dice el poeta: “En la solitaria calle de la Aldea crecieron mis ojos y comencé a conocer la vida”. Los primeros años discurrieron para él, entre caminos polvorientos, esteros que eran su pequeño océano torrente corriendo al mar,  cerros desprovistos de arboledas en juegos de juventud. Va enclavando  memoria y sentimientos, de las primeras enseñanzas religiosas en la pequeña parroquia que lo marcan para siempre.


Fue una mañana de Abril de 1924 “fría y azulenca”, como lo recuerda Carlos René, que en compañía de su padre, se aleja de la Aldea para ir a Santiago donde realizaría sus estudios humanísticos.  El pequeño y frágil niño desprende el sollozo natural de la partida, atrás queda su madre y sus hermanos, su juegos de niñez y el calor de su casa de adobes. El viejo tren de la costa resopla como un mamut y lo lleva primero a Curicó. La ciudad de principios del siglo XX, posee una serie de interesantes ingredientes, que está marcada por una acentuada emigración de escritores y poetas. Los espectros para la educación y su conformación como ciudad, tienen límites muy restringidos. Un Curicó colonial está ante nuestros ojos. La ciudad limita entre viñas, dispersas casas patronales y callejones polvorientos.

Venimos saliendo del siglo decimonónico, con visión retiniana y  vestigios del romanticismo.  El siglo se inicia con los periódicos  “La Prensa”, “La Alianza”, “El Heraldo”, “La Nación”, “La Democracia”, “La Idea”, y el Diario “El Comercial” el medio que más incentivó en su época, la literatura.

Santiago y su obra

Entre 1924 y 1935 estudió en el seminario de los Ángeles Custodios, de Santiago donde tuvo oportunidad de ser alumno del poeta Francisco Donoso.
 
Ya en Santiago en 1936, publica su primer libro “Caminos de Soledad” con el apoyo de Samuel Lillo patriarca  de esos tiempos, quien pide a Carlos Nascimiento para que edite este libro. Más de 20 obras engalanan su trayectoria de hombre dedicado a las letras.

En los círculos literarios de la capital, constata que existen por lo menos diez o doce poetas de primer orden en el país, que hace las veces de biombo de autocomplacencia que oculta a poetas de la talla de Carlos René Correa, Augusto Santelices, Jorge González Bastidas y otros representantes de las corrientes naturalista, criollista y lárica de la región del Maule.
El poeta labra amistad con Jerónimo Lagos Lisboa y traba vínculos indisolubles en el tiempo con Jorge González Bastidas, visitando frecuentemente su casa de Infiernillo a orillas del Maule rumoroso, esto le permite cimentar su propia obra y fortalecer su carácter lárico.


El poeta y su condición



Fuera de Pablo de Rokha, que debía recorrer duramente todo el país vendiendo los libros que ellos mismo  editaban, ningún poeta chileno ha vivido o podría vivir exclusivamente de sus obras. Y esto es grave, un obstáculo a una labor creadora que necesita continuidad y dedicación en grado que llamaríamos de oficio, en contra de la opinión general o hasta de las bondades que se permiten los mismos poetas, como aquella de Jean Cocteau, que afirma que "poeta es un escritor que no escribe", y la de Saint-Pol Roux, que colocaba un letrero que decía "El poeta trabaja" cuando se retira a dormir.

Poetas como Teófilo Cid y Pablo de Rokha, para citar casos recientes, pretendieron unir la poesía a la vida y fueron descalificados como "bohemios", pese a que Pablo dejó cerca de veinte libros inéditos y Teófilo Cid era un ejemplar hombre de letras, en constante actividad, y alcanzó a publicar media docena de obras. Su presencia en la sociedad era una acusación y llegaba a ser "cuando no inoportuna, deprimente", como dijera el mismo Teófilo Cid a la muerte de Pablo de Rokha.

Por esto, entre nosotros, los poetas por lo general suelen refugiarse en los resquicios que les dejan libres, los desperfectos de las maquinarias, de la burocracia, horas de clases semanales, la hora de colación, o el intervalo entre cada paciente y por lo tanto, nunca dejará en segundo plano su obra creadora. Pero si las labores burocráticas son opacas o innecesarias producen serias frustraciones, y si el poeta decide hacerse "responsable" termina muchas veces por sepultarse bajo el polvo de los expedientes, según la expresión de Paul Valery.

Por esto, creo que en nuestro medio no  ha dado el tiempo humano al poeta ciento por ciento, como lo fuera Carlos René Correa, que desarrolló en silencio y sin ostentación su producción literaria. Con razón ha dicho Gonzalo Rojas: "...si mi palabra no hubiese sido escuchada: ah, entonces no habría sido igual! En eso voy. Abriendo el mundo, como puedo, con mi palabra, que es sólo parte de la palabra de los poetas".


Esa es la época del nacimiento y primera juventud de Carlos René Correa. Debo decirles con cariño y orgullo natural, que tuve la gran satisfacción de haberlo conocido, y ser su amigo, de pasearme con él en innumerables ocasión por Rauco y Curicó.

En una anécdota que lo refleja, en el año 1984 me tocó el privilegio de organizar el cincuentenario del fallecimiento del poeta Alejandro Gutiérrez de Rauco, en la casa donde naciera éste, Carlos René Correa viene en compañía de Manuel Francisco Mesa Seco, Braulio Arenas, Manuel Astica Fuentes, entre otros. Al término de la jornada vamos de visita a una “Quinta de Recreo” organizada por el folklorista Cheo Fredes. Carlos René expresa allí: “Soy como las viejas Victorias que deambulan por las calles de Curicó, a las que ya nadie reconoce”.

Su poesía lo retrata estéticamente. Jamás mostró a través de su lírica un pesimismo que podría hacer mórbida su creación, sus imágenes trasuntan una fuerza que invaden la tela, con cuyo pincel lleva a la realidad plena. Eso es Impresionismo, lleno de imágenes primigenias, naturales de una patria propia y original.

Fluye de su pluma, esos cantos diáfanos, suaves y cristalinos, musitándolos casi en sordina, como susurros al oído del espíritu, esa poesía de su corazón, la trasvasija en versos con delicado aroma creando una aura emocional que es un verdadero amor por la vida. Con su fuerza expresiva natural, el poeta pretende develar lo esencial de las cosas, en la soledad de sus preocupaciones.
Desde su aldea; como la de Jorge González Bastidas, en Infiernillo; como la de Max Jara en Yerbas buenas, como la de Rubén Campos Aragón en Linares; Como la de María de Tapihue; emerge Carlos René Correa en Rauco, con sus versos emotivos, láricos, de honda preocupación social, que cada día nos maravilla más. El poeta tiene esa vocación social que comparte con los demás, líneas de pan, de amor, líneas de fe, nostalgia de un pasado que cabalga sus versos. Las cadencias de su poesía, deambula entre los cerros, las nubes, la luna, los puquios y los personajes del pueblo, que emergen con magia a través del recuerdo de Rauco.

Es a su vez, un poeta místico que eleva sus versos a las fuerzas divinas, aunque no deja de ser telúrico. Su voz suena a nostalgia desenfrenada, emergen aquí sus evocaciones rauquinas, cuyas imágenes son el hombre frente a su hábitat, tendiendo al infinito.

La mayor intensidad poética de su obra, radica en la naturaleza humana y social; sus personajes, se enmarcan en un universalismo terrenal; amar al pueblo como al arte, por lo tanto unirlos en una columna vertebral, nacida de un sentimiento mesurado, con la hondura del pensamiento reflexivo.

En suma, un autor para ser leído detenidamente y cerrar suavemente sus páginas y volver a leer...

“ Otoño con manteles
de pámpanos y colmenares.
El día muere en la cruz
y alza un árbol.
Todo es memoria
sin nostalgia
de amores pasajeros
río de luces
en la mano de la tarde.”

Carlos René Correa, como hombre, como poeta, quedará pegado a nuestra tierra como agua cantarina y serpenteante que no cesará su carrera hacia el mar, como los puquios rauquinos de sus poemas, como lo hicieron Augusto Santelices, Pablo de Rokha, o Alejandro Gutiérrez.
Su imagen de poeta lárico estará siempre junto al mar, a su tierra honda y profunda, gredosa como los crepúsculos y que elevarán sus poemas en su materia cósmica a través del tiempo.
Al inicio del libro ¿Quién Soy yo? Dice:
Alguien golpea mi puerta.
- ¿Quién?
Soy la Aldea, me responde
Es Rauco, que en idioma aborigen significa “Agua de Greda”, quien me despierta de un sueño.”

Carlos René Correa.

Solíamos encontrarnos en Curicó cuando llegaba de Santiago, me traía sus libros autografiados y nuestro punto de encuentro, era la “Botillería El Patito”, de propiedad del historiador Patricio de los Reyes Ibarra donde  íbamos al aperitivo del mediodía que finalizaba a las 21 hrs. de la tarde, entre conversa y conversa.

Carlos René Correa recuerda su partida de su natal Rauco: “fue una mañana de abril de 1924, fría y azulenca, cuando en compañía de mi padre partía a Santiago”. Mis lágrimas de niño caían sobre el caballo...allá quedaba mi madre, mi hermano menor, mi perro Vulcano y mis gatos”.

Siendo redactor del Diario Ilustrado de Santiago, una tarde apareció en su oficina, un tanto destartalada, una jovencita de melena rubia, con grandes ojos azules, rostro encantador; delgado como una espiga, quien le trajo un poema:
“El sol se hirió la cintura
En una peña del mar
Inútil lo lava el agua,
Nunca lo podrá sanar”.


Dialogaron brevemente, él le pregunta su nombre, ella responde Mónica Silva. Al poco tiempo dejó su vida solitaria, porque María Silva Ossa y no Mónica como ficticiamente se presentó, se convirtió en su amada esposa con quien tuvo ocho hijos y a ella dedica ese bello poema:


“Se desgajó tu cuerpo
y te nació una flor....
Ha crecido mi nombre
junto con el amor:
el hijo sabe el canto
de mi nocturno don”

Nació en Rauco, al igual que Alejandro Gutiérrez, poeta de los viajes marinos y por lo tanto las dos voces firmes de esta tierra de viñedos y áridas serranías.
Este pequeño poblado, que el poeta recuerda casi como una aldea, llena de significaciones y maravillas como las pinturas de Marc Chagall.

En 1936, publica su primer libro “Caminos de Soledad”. Más de 20 obras engalanan su trayectoria de hombre dedicado a las letras.

Falleció en Santiago a los 87 años, cuando aún conservaba el vigor poético, si bien afirmaba modestamente que era un desconocido entre su pueblo. En verdad Carlos René Correa fue uno de los literatos más prolíficos de esta tierra.

“Caminos de Soledad” (1936) Poemas.
“Romances de Agua y Luz” (1937) Poemas.
“Significación de las cosas” (1940) Prosa.
“Romances de Santiago del Nuevo Extremo” (1941)
“Quince Poetas de Chile” (1941) Ensayo.
“Cuento y Canción” (1941)
“Poesía en la Bruma” (1942).
“Tierras de Curicó” (1943).
“Poetas Chilenos” (1944).
“Comienza la Luz” (1952).
“Biografía de una Aldea” (1957)
“Gris” (1959)
“Poesía” (1970)
“Jorge González Bastidas: El poeta de las Tierras Pobres” (1070)
“Luz y Poesía del Seminario de los Ángeles Custodios” (1971)
“Poetas Chilenos del Siglo XX” (1972) Ed. Zig – Zag.
“Camino del Hombre” (1974).
“El Árbol y sus Voces” (1982).

LEONIDAS RUBIO EL ACTO SIMBOLICO

MURMULLO SIMBOLISTA DE LEONIDAS RUBIO.
Escribe: Samuel Maldonado de la Fuente

“Somos como enanos sentados sobre hombros de  gigantes;
en consecuencia vemos más y más lejos que ellos, pero no
por la agudeza de nuestra visión, sino porque nos han
alzado y nos llevan hombres de enorme estatura”.

Bernard de Chartres 

Estaba en una actitud de meditación contemplativa, cuando una portada del libro “Murmullo frente a Sillas vacías”, donde aparece una imagen de “La Ciencia Inútil o el Alquimista” de Remedios Varo, despertó mi curiosidad. Esencialmente por su portada esotérica con un alto contenido simbolista. El autor es Leonidas Rubio Rubio nacido en septiembre de 1970, periodista egresado de la Universidad Arcis y a ejercido con más de alguna dificultad; pero ¿que tiene de particular este personaje?, en los años 30 del siglo XX, un Leonidas Rubio fue destacado poeta curicano, que ganó algunos premios en los juegos florales de su época, destacó por su tendencia modernista en los rasgos simbolistas de su poesía. Rubio González fue nada menos que el abuelo del actual poeta autor del libro y curiosamente el estilo es un elemento a veces residual en los genes.

Leonidas Rubio, no ha distado de ser polémico, directo e insolente, en el sentido de entender que está inmerso en una sociedad condicionada por las apariencias y el doble Standard. Hace un tiempo, en agosto de 2002 sostuvo una ácida polémica pública con un extranjero avecindado en esta tierra, por un proyecto del Fondart. Ambos se atribuían la autoría o derecho de autor del proyecto “Rituales del Fuego”, situación del que salió airoso y fortalecido por la debilidad y presencia de su contrincante. D por donde ha circulado, ha  sembrado odiosidades, increpaciones o ironías.

            Toda la línea, extensa que rodea su libro, sus versos, sus ejercicios lingüísticos, las palabras, las metáforas poseen en elevado contexto simbólico. Pero cuando un  poeta joven publica y libera los impulsos de su interior, surgen voces que hablan sofisticadamente de madurez y depuración o de búsqueda, pero, ¿me podrían decir que poeta está totalmente maduro en su trayectoria literaria o quien a cesado en la búsqueda?

Con su desprecio, con su amor, el poeta empieza a fomentar un mito a partir de su encuentro entre el sueño y la realidad, donde el poeta va en busca de trabajo y realización, y se cruza con la marginación. Como poeta, posee talento, lo que se podría traducir en que puede convertir en realidad sus ensoñaciones. ¿Que poeta no sueña con ser famoso y fascinar al mundo con su creatividad. Ser considerado por los grandes y ocupar un salón en alguna academia? Esto del talento otorga permanencia en los anales de la literatura y de ahí un paso para ser clásico.
Durante décadas, los poetas locales han sido superfluos, snobistas, pretenciosos, porque se han olvidado del rigor y la lectura, salvo algunos casos, no existen poetas vanguardistas que provoquen un movimiento o una metamorfosis de la poesía lírica que rompa con los añejos esquemas clásicos.
La poesía de Leonidas Rubio por consiguiente posee todos los elementos simbolistas de los poetas malditos franceses. ¿Es Rubio un nuevo poeta maldito, como lo fue en la década de los ochenta Juan Andrés Sepúlveda? El abandono de las pretensiones objetivas supone un retorno a las experiencias estéticas y emocionales, claro que sin un marcado sentimentalismo, retórica, narrativa, expresión directa de las ideas, temas de interés público como la política y toda incursión didáctica, son en definitiva las características del simbolismo. La búsqueda es expresar la sensación, la verdad refinada y sublime que el poeta percibe de la realidad. Algunos observadores de los simbolistas, creían que la verdad no se busca por la razón, sino que se percibe por los sentidos. El verdadero simbolismo combina las imágenes nuevas con la fonética de la musicalidad, de la representación estética llegando crea una verdadera poesía evocadora.

Rubio con canta en la Pag. 24.
“Cargué el cadáver
durante el crecimiento.
Por eriales y espesuras,
Bajo golpe de soles
Y torrentes sin clemencia.
Durante acopio de cifras lo cargue
en mudanza de cuerpos;
Con anhelos provisorios
Que duraron años......”

En la poesía de Rubio coexisten las huellas hegelianas, aunque las ideas que deambulan en sus versos no están ahí para ser comprendidas, sino para acuciar brotes de la intuición. El poeta intenta extraer las esencias más inaccesibles que comunica a los demás mortales. Aunque varios pasajes de su poesía se combina con un sistema de imágenes no menos compleja, lo que crea una distancia casi inaccesible al intelecto del lector.

El lenguaje está ahí, para ser usado, para transmitir mensajes en clave, es que Rubio es poeta ermitaño amante de la soledad, la vida apacible y la meditación, de ahí la influencia de poetas como Rilke, Paul Celan, Humberto Díaz Casanueva y Jorge Tellier.

Pag. 51
“La memoria zumba buscando procedencia.
Me pesa el entrecejo
Como si fuera a retoñar el tercer ojo.....
...........................
Aunque estallaran todos los gases del infierno
Nada será capaz de despertarme de la siesta del fastidio”.

            Leer su poesía, nos lleva a descubrir su visión del mundo y las expresiones esotéricas de las fuerzas más profundas que lo habitan. Este actúa como un iniciado porque la vida al ser experimentada, le suministra los ingredientes de su creación, ya que sus versos no cambian a la luz de las condiciones existenciales, sino que se mantienen en la línea de un camino central.

            “ He tarjado los signos que inscribiste en mi pecho
con presurosa vejez, con cansancio
treinta veces anual, escombro y vicio”.

Creo que más que novedad, es el talento el que está inmerso en el uso de las palabras, por eso su libro está muy bien elaborado, y refleja el incremento y aporte del poeta a la literatura nacional. Aunque deja ver su pasmada angustia y dolorida visión existencial. Sus siguientes libros han venido a incrementar su visión esotérica y ascensional de la búsqueda incesante de figurar, a costa de quedar inmerso en una poesía exclusiva para académicos y estudiosos, malogrando su expansión creativa entre lectores más populares y de sensibilidad literaria. Ha terminado escribiendo solo para su ego, que aunque no es malo, es perjudicial para la trascendencia de tan buen poeta.


miércoles, 8 de junio de 2016

ARMANDO ULLOA EL MITICO VIAJE POR EL RIO

EL FALUCHO FANTASMA DE HUINGANES HACIA EL OLVIDO

 Armando Ulloa M. (1899-1928)



Escribe: Samuel Maldonado de la Fuente
“Me quitaré sin pena
La mañana,
El mediodía y el atardecer,
Pero jamás me quitaré la noche
Porque me queda bien”.

Raúl Morales


El Enigma

Hurgaba entre viejos libros que mi padre había dejado antes de partir, al oriente eterno, cuando una vieja esquela amarillenta se desprendió de uno de ellos, cayendo lentamente sobre el piso. Con la misma parsimonia, me agaché y recogí ese amarillento facsímil, que trajo a mi mente una época tan distante como enigmática de principios del siglo XX. La esquela estaba firmada nada menos que por Jorge González Bastidas, escrita con lapicera con tinta color verde. Me fui al libro y leí su título: “El Poemas de las Tierras pobres”. Allí estaba el mismo tipo de letra y su firma.

Cogí con cierto desgano aquel texto, pero con una gran curiosidad, el gramaje del folio por mis conocimientos de imprenta, era de unos 100 gr, tipo roneo antiguo, amarillento por el tiempo, tal vez de 1950, según mi opinión. Miré inquieto el texto escrito con lapicera, tal vez marca Parker como era usual en esos años y comencé a leer:

“Samy, estimado poeta, te cuento que llegué a la localidad de Huinganes distante a unos 90 km de Talca, te diré que el nombre proviene de un arbusto de blancas flores y negruzcos frutos que se usan para fabricar alcohol, miel y para curaciones de huesos.  Que contradicción, alcohol para curar en dos aspectos.
El buscarril parece una serpiente chillona en busca de su presa y el poblado duerme a ambos lados del río Maule. Conversé con Clotilde y me cuenta más sobre Armando, como lo conversamos se fue navegando por las aguas del Maule a Constitución, trágica muerte y silente cortejo de aguas” ….

Después de leer este escrito, busque por todos lados un Armando referidos por Bastidas, tenía que ser el poeta de Huinganes y la sorpresa se presentó a mi vista, ahí estaba el pequeño libro, una joya, tal vez uno de los pocos ejemplares existente, “Poemas de la Tierra y Otros poemas”, edición póstuma de Armando Ulloa imprenta Nascimiento 1931, recopilación de su amigo Carlos Acuña.

“Quiero vivir la vida, anónimo y sereno,
humilde y encantado, en mi heredad lejana:
saturarme de sol sobre los campos buenos
y beber el rocío fresco de las mañanas...”

Armando Ulloa


El Mito del Cortejo

Todos los datos referidos a poetas y escritores de principios del siglo XX, nos llegan por la oralidad de la tradición maulina y por viejas narraciones en diarios y revistas; algunas por los actores sobrevivientes de esas épocas, que ya no quedan y sus comentarios en diarios y revistas. Empecé a hurgar como ratón de biblioteca, primero, entre los escritos de mi padre, luego en los libros de época y antologías.   Leí artículos y artículos para formarme una idea retrospectiva de Armando Ulloa.

Armando Ulloa, murió a la edad de 29 años en una casona de la localidad de “Los Huinganes”, Constitución, el 10 de enero de 1928, luego de una enfermedad tan común a principios del siglo XX, la TBC. El poeta Carlos Acuña, fue quien recopiló las poesía en el único libro de Ulloa, Poemas de la tierra y otros poemas, recuerda: “Tal vez, fuera del ambiente intelectual, sean pocos los que conocen a Armando Ulloa como poeta, y lo fue, su emoción desbordaba el frío vaso moderno. Su pasión por la cultura francesa no le impidió vibrar con su tierra nativa…”.
Es el mismo Carlos Acuña quien agrega: Ya cansado y debilitado, expira sus últimas palabras, “Me muero”, y deja de existir. “El sepelio tuvo visos de leyenda: una lancha llevó sus restos por el río hasta el Cementerio Católico de Constitución. “Una barca silenciosa que ornaban unas flores y unos paños negros –escribió Carlos Acuña–. En ella iba el poeta dormido para siempre... Entierro grato a la memoria del tierno bardo de sus valles nativos, este deslizarse dulcemente, acunado sobre el agua azul que había cantado tantas veces.”
En este acto simbólico, está reflejada la esencia de los poetas, escritores y artista de principios del siglo XX, en clima modesto, soñador y limitado por la falta de previsiones de salud. Es cierto que el ámbito de una existencia bohemia y desenfrenada, era impulsada por el amor a las ensoñaciones literarias, donde la lógica no tenía cabida, solo las emociones y el recogimiento intelectual era la razón primera.
La generación del 20,  poetas del Maule tomaban fuerza: Pedro Antonio González, Jorge González Bastías, Jerónimo Lagos Lisboa, Max Jara, Aída Moreno, Víctor Barbieris, Alejandro Gutiérrez, Raimundo Echeverría, Joaquín Cifuentes,  Omar Cáceres, Augusto Santelices, Gladys Thein, tenían una comunión de idea y vivencias muy arraigadas, en especial lo social y las preocupaciones por los desposeídos.
En ese ambiente, Armando Ulloa se entregó de corazón a la práctica de la evocación, el romanticismo, y la búsqueda de nuevas expresiones. Aun así, su poesía quedo dispersa entre amigos, rincones, revistas y en el silencio en que se construyeron.

La barcaza de su extinta existencia, me la imagino penetrando en la niebla del anchuroso Río Maule, entre faluchos y hombres curtidos por los astilleros. Silente hacia un horizonte inexplorado, transmigrando a otra dimensión. En la formulación de una idea de la muerte más allá de la vida, la trascendencia espiritual que queda de manifiesto en sus poemas, en sus amigos y en su memoria. Lo que fue ayer, ya no es como hoy, donde el hombre ha perdido su espiritualidad humanizante.
Fue enterrado en el cementerio de El Dique, sección 5a sur, Nº22, entrando a la derecha a unos veinte metros de la puerta principal.

El Poeta

Nos cuenta el historiador Jaime González Colville, en su trabajo: “Armando Ulloa, la voz perdida del Maule”

“Nunca le preocupó publicar un libro. Esta característica es también la de muchos errabundos escritores de esos años. Entre sus estudios universitarios y su vorágine vividora, sus pulmones anidaron la mortal tuberculosis”.

“Hacia 1922 su salud está muy debilitada. Debe recluirse, en el Sanatorio de San José de Maipo. “Todos los sábados –evocaría más tarde el poeta Carlos Acuña– como un culto, unos brazos amorosos de muchacha, descendían, cargados de flores, en la estación del pequeño tren que culebrea por la montaña”.

Se recupera, pero no escuchará razones. Reincide en las trasnochadas en forma irresponsable. Su amigo, el escritor y diplomático Juan Marín, lo vio una mañana, en el funeral de una joven prostituta, en un cortejo de ojerosas mujeres: “...Alto y pálido, cernidos los ojos de hondos círculos azules [...] con un enorme ramo de violetas en las manos”.

Estos detalles, nos muestran el destino de muchos poetas bohemios y casi místicos, Ulloa, Juan Marín, Alejandro Gutiérrez, Carlos Pezoa Véliz, entre muchos que padecen enfermedades como la tuberculosis (TBC) o simplemente se suicidan.


                                                                                     En 1928 en San Bernardo, poco antes de su                                                                                                            muerte.( en la foto junto a su hermano Emilio)                       
                       
 
CANCION DE LOS SUEÑOS MUERTOS

Uno a uno
mis sueños,
bajo yo no sé qué ala perversa
se han ido muriendo.
El jardín interior no repite
la sombra de mi eco.
Ya no soy el muchacho que sueña,
se han ido los versos…
La ambición del laurel se ha dormido,
el romántico cisne se ha muerto,
la sutil sensitiva desmaya
y se adentra en el alma el invierno…


El poeta y novelista Juan Marín, lo describe romántico de espíritu frágil que buscaba una especie de aristocracia intelectual, huía de las muchedumbres y del rumor de las calles para refugiarse en sus versos. Es decir, hondas y profundas reflexiones deben haber pasado por su mente, ya que su estampa de dandy, fino, distinguido, escondía recónditas ansiedades.

 

Armando Ulloa Muñoz, que vivió el apogeo del ramal en Huinganes, donde aún se conserva la casa y su familia.  Publicó poemas en diversas revistas y diarios de la época. La única edición (póstuma) es "Poemas de la Tierra y otros poemas", año 1931, con un tiraje de 100 libros. La iniciativa fue unos amigos del poeta, entre otros, "los hermanos Labatut, Juan Marín, Alfonso Castro García Huidobro, Carlos Acuña, Carlos Mondaca, Jorge González Bastías, Gerónimo Lagos Lisboa, Roberto Meza Fuentes, Emilio Ulloa (hermano del poeta) ..." Existe una nueva edición del libro "Poemas de la Tierra y otros poemas", 2003, obra a cargo de su sobrino don Armando Ulloa Contreras, quién rescata la obra original. La edición fue repartida gratuitamente a establecimientos educacionales y Bibliotecas de Constitución, para mantener el recuerdo vivo del poeta en la zona.

Armando Ulloa aun navega en los atardeceres del Río Maule, entre la bruma impenetrable desde
Huinganes a Constitución, serpenteando en un falucho mientras un  farol difuso se observa a ciertas horas del atardecer y se escuchan oraciones fúnebres que repiten sus versos.

Constitución-Chile, 1899 - Huinganes, 1929

LEJANIA

Lejos está la sensitiva
que ungió mis horas de belleza,
la que heredó su aristocracia
del manto azul de las estrellas.
La que en sus manos luminosas
me dio a beber el agua buena
de la emoción; la que en mi boca
puso su amable boca ingenua.
¡Lejos está la sensitiva
que un tiempo fue mi compañera!
Pero a través de la distancia
su voz a mi memoria llega
en las nevadas de la luna
y en el temblor de las estrellas.

SONETO

Para escribir mis versos diáfanos y sencillos,
dos cosas sólo pido, con la humildad de un ciego:
un rincón que perfumen rosa, menta y tomillo
y - ¡oh musa inolvidable! – soledad y sosiego.

Quiero que en ellos quede todo lo que fue mío,
la vida que renace con el primer retoño,
el sol que cubre de oro las mieses del estío,
los frutos del invierno y el vino del otoño.

Que viva en sus estrofas todo lo que florece,
el corazón cansado que rejuvenece,
los sueños de la infancia que marchitó la edad.

Los árboles cargados de frutos esplendentes,
los pájaros, las flores, los bosques, las vertientes
y el alma melancólica de mi vieja heredad.

EGLOGA

Lejos de la estulticia quiero tejer mis rimas,
donde no alcance el grito de los doctos graves,
y dar cantos serenos y emociones óptimas
y dejar que el espíritu vuele como las aves…

Donde pueda sentir el ritmo de las horas,
y aguzar los sentidos en un silencio sabio,
y ver el corazón desnudo cuando llora
y entreabrir las pupilas limpias de todo agravio.

Quiero vivir la vida anónimo y sereno,
humilde y encantado en mi heredad lejana;
saturarme de sol sobre los campos buenos
y beber el rocío fresco de las montañas.

Quiero en las noches blancas, bajo la luna errante,
copiar de las estrellas el temblor emotivo,
y lleno de dulzura y de emoción fragante,
tenderme sobre el césped y quedarme pensativo…

Y ver caer las tardes y llegar los crepúsculos
encendido el espíritu, el corazón abierto,
y pasar de la tierra – insensibles los músculos-
a la vida encantada en que viven los muertos…

EL HOMBRE DE LA TIERRA

Buen campesino labra tu campo, abre los surcos,
y esparrama los firmes granos con mano pródiga:
las semillas que hoy riegan tus sudores fecundos,
fecundas te darán mañana el pan que comas.

La tierra, a tus esfuerzos, como una buena esposa
se rendirá y humilde te brindará sus frutos;
tú le darás en cambio tus lágrimas gloriosas,
la sangre de tus venas y el vigor de tus músculos.

Y así, cuando ya sientas temblar tus manos rudas
y esté presto tu espíritu para emprender el vuelo,
ella y tú habréis formado un nudo tan estrecho
que, cerrando los ojos y mirando la altura,
tú, como última ofrenda, le ofrecerás tus huesos,
y ella, en último pago, les dará sepultura…

CANCION DE LOS SUEÑOS MUERTOS

Uno a uno
mis sueños,
bajo yo no sé qué ala perversa
se han ido muriendo.

El jardín interior no repite
la sombra de mi eco.
Ya no soy el muchacho que sueña,
se han ido los versos…

La ambición del laurel se ha dormido,
el romántico cisne se ha muerto,
la sutil sensitiva desmaya
y se adentra en el alma el invierno…