jueves, 21 de julio de 2016

CARLOS RENE CORREA, POETA LARICO DE RAUCO

SIGNIFICACIÓN DE LAS COSAS EN CARLOS RENE CORREA
por Samuel Maldonado de la Fuente
Poeta, escritor y ensayista.


La aldea

Carlos René Correa es un símbolo de Rauco, que en idioma aborigen se llama “Ragco” o " Agua de Greda" o " Agua Gredosa" de un lenguaje Chincha chileno. La aldea estuvo habitada por los indios Curi que se expandieron hasta la Huerta del Mataquito, donde se mezclan con  tribus Incas invasores de todo este territorio y que le trajeron las primeras enseñanzas del cultivo agrícola. Situada a diez kilómetros de Curicó,  este pequeño poblado,  casi como una aldea, llena de significaciones, simbolismos y maravillas, como las pinturas de Marc Chagall, ve el nacimiento  del poeta un 18 de septiembre de 1912, cargando con el sello de la Chilenidad.

Fue entonces, cuando al acontecimiento de este nacimiento, partieron sus familiares hacia la serranía en busca de “Ñá Anastasia”, la partera que llega amarrada en su yegua overa por la solitaria calle de la aldea. Esa era la memoria que el poeta rememora en “Biografía de una Aldea”, donde recuerda a su padre, a quién describe como “un hombre de espíritu limpio y corazón pastoril”.
Podemos iniciar el imaginario recorrido por su vida, realizando una fuga hacia esa lejana época, donde el río Teno y el Lontué amalgaman el nombre de Mataquito, probablemente derivado del quechua "matha" (médula) y "cutún" (estrujar), que significa "estrujar la médula".

Rememora en sus escritos al Rauco amado: “Rechinan los goznes y mi alma los escucha y busca aceites de los olivares del abuelo Buenaventura, para que ellos guarden silencio”. “El río Teno había crecido en crespas aguas y su vorágine cabalgaba potros espumantes hacia las lejanas playas de Iloca”. “Así “era el gran río de mis sueños”, describiendo la visión del día en que vio la luz.

Nació en Rauco, al igual que Alejandro Gutiérrez, poeta de los viajes marinos y por lo tanto las dos voces firmes de esta tierra de viñedos y áridas serranías. Nos dice el poeta: “En la solitaria calle de la Aldea crecieron mis ojos y comencé a conocer la vida”. Los primeros años discurrieron para él, entre caminos polvorientos, esteros que eran su pequeño océano torrente corriendo al mar,  cerros desprovistos de arboledas en juegos de juventud. Va enclavando  memoria y sentimientos, de las primeras enseñanzas religiosas en la pequeña parroquia que lo marcan para siempre.


Fue una mañana de Abril de 1924 “fría y azulenca”, como lo recuerda Carlos René, que en compañía de su padre, se aleja de la Aldea para ir a Santiago donde realizaría sus estudios humanísticos.  El pequeño y frágil niño desprende el sollozo natural de la partida, atrás queda su madre y sus hermanos, su juegos de niñez y el calor de su casa de adobes. El viejo tren de la costa resopla como un mamut y lo lleva primero a Curicó. La ciudad de principios del siglo XX, posee una serie de interesantes ingredientes, que está marcada por una acentuada emigración de escritores y poetas. Los espectros para la educación y su conformación como ciudad, tienen límites muy restringidos. Un Curicó colonial está ante nuestros ojos. La ciudad limita entre viñas, dispersas casas patronales y callejones polvorientos.

Venimos saliendo del siglo decimonónico, con visión retiniana y  vestigios del romanticismo.  El siglo se inicia con los periódicos  “La Prensa”, “La Alianza”, “El Heraldo”, “La Nación”, “La Democracia”, “La Idea”, y el Diario “El Comercial” el medio que más incentivó en su época, la literatura.

Santiago y su obra

Entre 1924 y 1935 estudió en el seminario de los Ángeles Custodios, de Santiago donde tuvo oportunidad de ser alumno del poeta Francisco Donoso.
 
Ya en Santiago en 1936, publica su primer libro “Caminos de Soledad” con el apoyo de Samuel Lillo patriarca  de esos tiempos, quien pide a Carlos Nascimiento para que edite este libro. Más de 20 obras engalanan su trayectoria de hombre dedicado a las letras.

En los círculos literarios de la capital, constata que existen por lo menos diez o doce poetas de primer orden en el país, que hace las veces de biombo de autocomplacencia que oculta a poetas de la talla de Carlos René Correa, Augusto Santelices, Jorge González Bastidas y otros representantes de las corrientes naturalista, criollista y lárica de la región del Maule.
El poeta labra amistad con Jerónimo Lagos Lisboa y traba vínculos indisolubles en el tiempo con Jorge González Bastidas, visitando frecuentemente su casa de Infiernillo a orillas del Maule rumoroso, esto le permite cimentar su propia obra y fortalecer su carácter lárico.


El poeta y su condición



Fuera de Pablo de Rokha, que debía recorrer duramente todo el país vendiendo los libros que ellos mismo  editaban, ningún poeta chileno ha vivido o podría vivir exclusivamente de sus obras. Y esto es grave, un obstáculo a una labor creadora que necesita continuidad y dedicación en grado que llamaríamos de oficio, en contra de la opinión general o hasta de las bondades que se permiten los mismos poetas, como aquella de Jean Cocteau, que afirma que "poeta es un escritor que no escribe", y la de Saint-Pol Roux, que colocaba un letrero que decía "El poeta trabaja" cuando se retira a dormir.

Poetas como Teófilo Cid y Pablo de Rokha, para citar casos recientes, pretendieron unir la poesía a la vida y fueron descalificados como "bohemios", pese a que Pablo dejó cerca de veinte libros inéditos y Teófilo Cid era un ejemplar hombre de letras, en constante actividad, y alcanzó a publicar media docena de obras. Su presencia en la sociedad era una acusación y llegaba a ser "cuando no inoportuna, deprimente", como dijera el mismo Teófilo Cid a la muerte de Pablo de Rokha.

Por esto, entre nosotros, los poetas por lo general suelen refugiarse en los resquicios que les dejan libres, los desperfectos de las maquinarias, de la burocracia, horas de clases semanales, la hora de colación, o el intervalo entre cada paciente y por lo tanto, nunca dejará en segundo plano su obra creadora. Pero si las labores burocráticas son opacas o innecesarias producen serias frustraciones, y si el poeta decide hacerse "responsable" termina muchas veces por sepultarse bajo el polvo de los expedientes, según la expresión de Paul Valery.

Por esto, creo que en nuestro medio no  ha dado el tiempo humano al poeta ciento por ciento, como lo fuera Carlos René Correa, que desarrolló en silencio y sin ostentación su producción literaria. Con razón ha dicho Gonzalo Rojas: "...si mi palabra no hubiese sido escuchada: ah, entonces no habría sido igual! En eso voy. Abriendo el mundo, como puedo, con mi palabra, que es sólo parte de la palabra de los poetas".


Esa es la época del nacimiento y primera juventud de Carlos René Correa. Debo decirles con cariño y orgullo natural, que tuve la gran satisfacción de haberlo conocido, y ser su amigo, de pasearme con él en innumerables ocasión por Rauco y Curicó.

En una anécdota que lo refleja, en el año 1984 me tocó el privilegio de organizar el cincuentenario del fallecimiento del poeta Alejandro Gutiérrez de Rauco, en la casa donde naciera éste, Carlos René Correa viene en compañía de Manuel Francisco Mesa Seco, Braulio Arenas, Manuel Astica Fuentes, entre otros. Al término de la jornada vamos de visita a una “Quinta de Recreo” organizada por el folklorista Cheo Fredes. Carlos René expresa allí: “Soy como las viejas Victorias que deambulan por las calles de Curicó, a las que ya nadie reconoce”.

Su poesía lo retrata estéticamente. Jamás mostró a través de su lírica un pesimismo que podría hacer mórbida su creación, sus imágenes trasuntan una fuerza que invaden la tela, con cuyo pincel lleva a la realidad plena. Eso es Impresionismo, lleno de imágenes primigenias, naturales de una patria propia y original.

Fluye de su pluma, esos cantos diáfanos, suaves y cristalinos, musitándolos casi en sordina, como susurros al oído del espíritu, esa poesía de su corazón, la trasvasija en versos con delicado aroma creando una aura emocional que es un verdadero amor por la vida. Con su fuerza expresiva natural, el poeta pretende develar lo esencial de las cosas, en la soledad de sus preocupaciones.
Desde su aldea; como la de Jorge González Bastidas, en Infiernillo; como la de Max Jara en Yerbas buenas, como la de Rubén Campos Aragón en Linares; Como la de María de Tapihue; emerge Carlos René Correa en Rauco, con sus versos emotivos, láricos, de honda preocupación social, que cada día nos maravilla más. El poeta tiene esa vocación social que comparte con los demás, líneas de pan, de amor, líneas de fe, nostalgia de un pasado que cabalga sus versos. Las cadencias de su poesía, deambula entre los cerros, las nubes, la luna, los puquios y los personajes del pueblo, que emergen con magia a través del recuerdo de Rauco.

Es a su vez, un poeta místico que eleva sus versos a las fuerzas divinas, aunque no deja de ser telúrico. Su voz suena a nostalgia desenfrenada, emergen aquí sus evocaciones rauquinas, cuyas imágenes son el hombre frente a su hábitat, tendiendo al infinito.

La mayor intensidad poética de su obra, radica en la naturaleza humana y social; sus personajes, se enmarcan en un universalismo terrenal; amar al pueblo como al arte, por lo tanto unirlos en una columna vertebral, nacida de un sentimiento mesurado, con la hondura del pensamiento reflexivo.

En suma, un autor para ser leído detenidamente y cerrar suavemente sus páginas y volver a leer...

“ Otoño con manteles
de pámpanos y colmenares.
El día muere en la cruz
y alza un árbol.
Todo es memoria
sin nostalgia
de amores pasajeros
río de luces
en la mano de la tarde.”

Carlos René Correa, como hombre, como poeta, quedará pegado a nuestra tierra como agua cantarina y serpenteante que no cesará su carrera hacia el mar, como los puquios rauquinos de sus poemas, como lo hicieron Augusto Santelices, Pablo de Rokha, o Alejandro Gutiérrez.
Su imagen de poeta lárico estará siempre junto al mar, a su tierra honda y profunda, gredosa como los crepúsculos y que elevarán sus poemas en su materia cósmica a través del tiempo.
Al inicio del libro ¿Quién Soy yo? Dice:
Alguien golpea mi puerta.
- ¿Quién?
Soy la Aldea, me responde
Es Rauco, que en idioma aborigen significa “Agua de Greda”, quien me despierta de un sueño.”

Carlos René Correa.

Solíamos encontrarnos en Curicó cuando llegaba de Santiago, me traía sus libros autografiados y nuestro punto de encuentro, era la “Botillería El Patito”, de propiedad del historiador Patricio de los Reyes Ibarra donde  íbamos al aperitivo del mediodía que finalizaba a las 21 hrs. de la tarde, entre conversa y conversa.

Carlos René Correa recuerda su partida de su natal Rauco: “fue una mañana de abril de 1924, fría y azulenca, cuando en compañía de mi padre partía a Santiago”. Mis lágrimas de niño caían sobre el caballo...allá quedaba mi madre, mi hermano menor, mi perro Vulcano y mis gatos”.

Siendo redactor del Diario Ilustrado de Santiago, una tarde apareció en su oficina, un tanto destartalada, una jovencita de melena rubia, con grandes ojos azules, rostro encantador; delgado como una espiga, quien le trajo un poema:
“El sol se hirió la cintura
En una peña del mar
Inútil lo lava el agua,
Nunca lo podrá sanar”.


Dialogaron brevemente, él le pregunta su nombre, ella responde Mónica Silva. Al poco tiempo dejó su vida solitaria, porque María Silva Ossa y no Mónica como ficticiamente se presentó, se convirtió en su amada esposa con quien tuvo ocho hijos y a ella dedica ese bello poema:


“Se desgajó tu cuerpo
y te nació una flor....
Ha crecido mi nombre
junto con el amor:
el hijo sabe el canto
de mi nocturno don”

Nació en Rauco, al igual que Alejandro Gutiérrez, poeta de los viajes marinos y por lo tanto las dos voces firmes de esta tierra de viñedos y áridas serranías.
Este pequeño poblado, que el poeta recuerda casi como una aldea, llena de significaciones y maravillas como las pinturas de Marc Chagall.

En 1936, publica su primer libro “Caminos de Soledad”. Más de 20 obras engalanan su trayectoria de hombre dedicado a las letras.

Falleció en Santiago a los 87 años, cuando aún conservaba el vigor poético, si bien afirmaba modestamente que era un desconocido entre su pueblo. En verdad Carlos René Correa fue uno de los literatos más prolíficos de esta tierra.

“Caminos de Soledad” (1936) Poemas.
“Romances de Agua y Luz” (1937) Poemas.
“Significación de las cosas” (1940) Prosa.
“Romances de Santiago del Nuevo Extremo” (1941)
“Quince Poetas de Chile” (1941) Ensayo.
“Cuento y Canción” (1941)
“Poesía en la Bruma” (1942).
“Tierras de Curicó” (1943).
“Poetas Chilenos” (1944).
“Comienza la Luz” (1952).
“Biografía de una Aldea” (1957)
“Gris” (1959)
“Poesía” (1970)
“Jorge González Bastidas: El poeta de las Tierras Pobres” (1070)
“Luz y Poesía del Seminario de los Ángeles Custodios” (1971)
“Poetas Chilenos del Siglo XX” (1972) Ed. Zig – Zag.
“Camino del Hombre” (1974).
“El Árbol y sus Voces” (1982).

LEONIDAS RUBIO EL ACTO SIMBOLICO

MURMULLO SIMBOLISTA DE LEONIDAS RUBIO.
Escribe: Samuel Maldonado de la Fuente

“Somos como enanos sentados sobre hombros de  gigantes;
en consecuencia vemos más y más lejos que ellos, pero no
por la agudeza de nuestra visión, sino porque nos han
alzado y nos llevan hombres de enorme estatura”.

Bernard de Chartres 

Estaba en una actitud de meditación contemplativa, cuando una portada del libro “Murmullo frente a Sillas vacías”, donde aparece una imagen de “La Ciencia Inútil o el Alquimista” de Remedios Varo, despertó mi curiosidad. Esencialmente por su portada esotérica con un alto contenido simbolista. El autor es Leonidas Rubio Rubio nacido en septiembre de 1970, periodista egresado de la Universidad Arcis y a ejercido con más de alguna dificultad; pero ¿que tiene de particular este personaje?, en los años 30 del siglo XX, un Leonidas Rubio fue destacado poeta curicano, que ganó algunos premios en los juegos florales de su época, destacó por su tendencia modernista en los rasgos simbolistas de su poesía. Rubio González fue nada menos que el abuelo del actual poeta autor del libro y curiosamente el estilo es un elemento a veces residual en los genes.

Leonidas Rubio, no ha distado de ser polémico, directo e insolente, en el sentido de entender que está inmerso en una sociedad condicionada por las apariencias y el doble Standard. Hace un tiempo, en agosto de 2002 sostuvo una ácida polémica pública con un extranjero avecindado en esta tierra, por un proyecto del Fondart. Ambos se atribuían la autoría o derecho de autor del proyecto “Rituales del Fuego”, situación del que salió airoso y fortalecido por la debilidad y presencia de su contrincante. D por donde ha circulado, ha  sembrado odiosidades, increpaciones o ironías.

            Toda la línea, extensa que rodea su libro, sus versos, sus ejercicios lingüísticos, las palabras, las metáforas poseen en elevado contexto simbólico. Pero cuando un  poeta joven publica y libera los impulsos de su interior, surgen voces que hablan sofisticadamente de madurez y depuración o de búsqueda, pero, ¿me podrían decir que poeta está totalmente maduro en su trayectoria literaria o quien a cesado en la búsqueda?

Con su desprecio, con su amor, el poeta empieza a fomentar un mito a partir de su encuentro entre el sueño y la realidad, donde el poeta va en busca de trabajo y realización, y se cruza con la marginación. Como poeta, posee talento, lo que se podría traducir en que puede convertir en realidad sus ensoñaciones. ¿Que poeta no sueña con ser famoso y fascinar al mundo con su creatividad. Ser considerado por los grandes y ocupar un salón en alguna academia? Esto del talento otorga permanencia en los anales de la literatura y de ahí un paso para ser clásico.
Durante décadas, los poetas locales han sido superfluos, snobistas, pretenciosos, porque se han olvidado del rigor y la lectura, salvo algunos casos, no existen poetas vanguardistas que provoquen un movimiento o una metamorfosis de la poesía lírica que rompa con los añejos esquemas clásicos.
La poesía de Leonidas Rubio por consiguiente posee todos los elementos simbolistas de los poetas malditos franceses. ¿Es Rubio un nuevo poeta maldito, como lo fue en la década de los ochenta Juan Andrés Sepúlveda? El abandono de las pretensiones objetivas supone un retorno a las experiencias estéticas y emocionales, claro que sin un marcado sentimentalismo, retórica, narrativa, expresión directa de las ideas, temas de interés público como la política y toda incursión didáctica, son en definitiva las características del simbolismo. La búsqueda es expresar la sensación, la verdad refinada y sublime que el poeta percibe de la realidad. Algunos observadores de los simbolistas, creían que la verdad no se busca por la razón, sino que se percibe por los sentidos. El verdadero simbolismo combina las imágenes nuevas con la fonética de la musicalidad, de la representación estética llegando crea una verdadera poesía evocadora.

Rubio con canta en la Pag. 24.
“Cargué el cadáver
durante el crecimiento.
Por eriales y espesuras,
Bajo golpe de soles
Y torrentes sin clemencia.
Durante acopio de cifras lo cargue
en mudanza de cuerpos;
Con anhelos provisorios
Que duraron años......”

En la poesía de Rubio coexisten las huellas hegelianas, aunque las ideas que deambulan en sus versos no están ahí para ser comprendidas, sino para acuciar brotes de la intuición. El poeta intenta extraer las esencias más inaccesibles que comunica a los demás mortales. Aunque varios pasajes de su poesía se combina con un sistema de imágenes no menos compleja, lo que crea una distancia casi inaccesible al intelecto del lector.

El lenguaje está ahí, para ser usado, para transmitir mensajes en clave, es que Rubio es poeta ermitaño amante de la soledad, la vida apacible y la meditación, de ahí la influencia de poetas como Rilke, Paul Celan, Humberto Díaz Casanueva y Jorge Tellier.

Pag. 51
“La memoria zumba buscando procedencia.
Me pesa el entrecejo
Como si fuera a retoñar el tercer ojo.....
...........................
Aunque estallaran todos los gases del infierno
Nada será capaz de despertarme de la siesta del fastidio”.

            Leer su poesía, nos lleva a descubrir su visión del mundo y las expresiones esotéricas de las fuerzas más profundas que lo habitan. Este actúa como un iniciado porque la vida al ser experimentada, le suministra los ingredientes de su creación, ya que sus versos no cambian a la luz de las condiciones existenciales, sino que se mantienen en la línea de un camino central.

            “ He tarjado los signos que inscribiste en mi pecho
con presurosa vejez, con cansancio
treinta veces anual, escombro y vicio”.

Creo que más que novedad, es el talento el que está inmerso en el uso de las palabras, por eso su libro está muy bien elaborado, y refleja el incremento y aporte del poeta a la literatura nacional. Aunque deja ver su pasmada angustia y dolorida visión existencial. Sus siguientes libros han venido a incrementar su visión esotérica y ascensional de la búsqueda incesante de figurar, a costa de quedar inmerso en una poesía exclusiva para académicos y estudiosos, malogrando su expansión creativa entre lectores más populares y de sensibilidad literaria. Ha terminado escribiendo solo para su ego, que aunque no es malo, es perjudicial para la trascendencia de tan buen poeta.